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Trauma quirúrgico y la segunda víctima



La metáfora del “cono de la vergüenza” se aplica a los profesionales veterinarios que padecen de trauma secundario luego de errores médicos. Si usted está sufriendo y se encuentra alterado luego de cometer un error durante la cirugía, existen pasos que usted puede tomar para recablear su cerebro.

Sarah Wooten, DVM

A los veterinarios se nos entrena como grupo para tomar decisiones confiables y rápidas en cirugía, con muy poco margen para un error. Esta profesión también tiene una cultura de culpa - o por lo menos, nosotros no recibimos pláticas acerca de nuestros errores quirúrgicos. Aun si fuimos lo suficientemente valientes como para discutir un error, podría resultar en demandas por negligencia médica, perdida de un trabajo o autoestima dañada. Nosotros vivimos con el conflicto interno de habérsenos enseñado acerca de la incertidumbre de los resultados quirúrgicos, junto con la inaceptabilidad del error quirúrgico.

En medicina veterinaria, la intervención inmediata o el consejo a nivel individual luego de un error quirúrgico o médico, no constituye parte de nuestra gran cultura. En cambio, nosotros nos ocultamos o intentamos poner un rostro valiente e intentamos sobrevivir el día a día, apretando nuestros dientes durante agotadoras cirugías de suprarrenales…. o simplemente abandonando por completo la profesión.

La lucha es real, mis amigos.

En lo que se refiere a errores quirúrgicos hay una víctima evidente – el paciente – pero también hay una segunda víctima, y esta es el cirujano. El término “segunda víctima” lo acuñó Albert Wu, MD, MPH, profesor de manejo y políticas de salud en la Johns Hopkins School of Public Health, en su descripción del impacto de los errores médicos o quirúrgicos. Conclusión: en situaciones de errores médicos o quirúrgicos, el veterinario que comete el error necesita también ayuda.

Vuelva a leer otra vez la última frase.

Si el concepto de ayudar a los veterinarios a tratar el trauma originado por una cirugía que falló hubiera existido cuando yo entré por primera vez a la fuerza laboral, entonces mi carrera (y salud emocional y mental) tal vez se hubieran visto muy diferentes.

 En situaciones de errores médicos o quirúrgicos, el veterinario que comete el error también necesita ayuda.

Léalo otra vez.

Seis meses luego de la Facultad experimenté mi primer trauma quirúrgico al esterilizar una perra de raza grande, adulta, con sobrepeso y en celo. Durante la cirugía entré en pánico y casi me desmayo. La perra sobrevivió y yo seguí adelante, pero la semilla del trauma estaba sembrada.

Durante los dos siguientes años, regué esa semilla de manera inconsciente al llevar a cabo cirugías más aterradoras sin apoyo alguno. Yo comencé a experimentar temor cuando estaba preparando a pacientes o cuando abría un paquete quirúrgico. Eso se transformó en ansiedad crónica y me sentía temeroso mientras me dirigía al trabajo y sin seguridad de que las cirugías estuvieran planeadas para mí.

Muy pronto, las tardes de los viernes me atemorizaba regresar al trabajo el lunes. Me sentía miserable y no sabía a quién platicarle esto. Intente la terapia de conversación, alcoholismo, rezos, y muchas otras cosas. Nada funcionó.

Hace un par de años, encontré un artículo de Sara C. White, DVM. En él, ella establecía los cuatro ingredientes que son necesarios para enfrentar el trauma quirúrgico: aprendizaje técnico, perspectiva, aprendizaje emocional y apoyo. Ya sea que usted se involucre o no en estos asuntos, pronostica si usted sobrevivirá, persistirá o dejará de hacer futuras cirugías. Tenía mucho sentido. Ella demostró cómo los veterinarios tendían a ser mejores si buscaban apoyo de los colegas, aprendían de su error y tenían la perspectiva apropiada de que nadie es perfecto (¡esa es la razón de porqué se llama práctica!).

El asunto que más me ayudó fue el concepto del aprendizaje emocional. Comprendí que todas las “estrategias” que utilizaba estaban empeorando el asunto en realidad. No era que fuera yo un mal veterinario, sino que carecía de las herramientas y de la conciencia necesarias para cambiar los patrones que el trauma había establecido.

¿Está listo para el secreto? En esencia, la desensibilización y el contracondicionamiento a un perro para sobreponerse al temor, no es muy diferente a hacer lo mismo por un humano. Nosotros tan solo tendemos a ser mucho más amables con los perros temerosos, que con nosotros mismos.

Vaya a la siguiente página para ver un desglose de los pasos que aprendí para recablear mi cerebro traumatizado en algo más saludable.

Recuerde, la segunda víctima es real, no minimice o niegue la presencia de un trauma o temor en un consultorio veterinario. Y recuerde que usted puede pedir ayuda siempre, siempre.

La Dra. Sarah Wooten se graduó de la Facultad de Medicina Veterinaria UC Davis en 2002. Como miembro de la American Society of Veterinary Journalists, la Dra. Wooten divide su tiempo profesional entre un consultorio de pequeñas especies en Greeley, Colorado, pláticas en público, y la escritura.

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