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ContÁctenosUsted está en Inicio / Números anteriores / Volumen 7, Número 1 / Abordaje Diagnóstico de hepatopatías en saurios

Abordaje Diagnóstico de hepatopatías en saurios

Ricardo Itzcóatl Maldonado Reséndiz*
Nadia Cristina Abarca De Hoyos**


INTRODUCCIÓN
En la actualidad, los reptiles han cobrado gran interés como animales de compañía no convencionales en nuestro país, por lo que se trata de pacientes habituales en los hospitales veterinarios. Estos pacientes se atienden principalmente por patologías derivadas de un manejo deficiente en su ambiente y su alimentación;  sin embargo, cuando se tienen manejos adecuados que garantizan la nutrición y el adecuado funcionamiento metabólico del individuo, es importante poder detectar  otras patologías que difieren de las que se ven con regularidad.

Las enfermedades hepáticas actualmente continúan siendo un reto diagnóstico en reptiles, ya que normalmente muestran signos clínicos muy poco específicos (pérdida de peso, anorexia, vómitos, diarrea, poliuria-polidipsia, anemia moderada no regenerativa, etc).

El hígado juega un papel primordial en el metabolismo y en la detoxificación, por lo que sufre en consecuencia numerosas enfermedades secundarias cuyas causas primarias residen en otros órganos o sistemas distintos. Así mismo tiene la capacidad de regenerarse y cuenta con una amplia reserva funcional, de manera que aunque esté severamente dañado las pruebas de laboratorio pueden ser normales o casi normales y los síntomas clínicos pueden estar ausentes o ser poco perceptibles. Por estas razones es muy importante alcanzar un diagnóstico preciso, sin embargo la información disponible respecto a temas de hepatopatías en reptiles, en específico de saurios, es escasa y dispersa.

ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA
Las características macroscópicas del hígado en reptiles difieren un poco  de las de los mamíferos. En saurios, consiste en un 3-4 % del peso corporal, su tamaño y peso varía de acuerdo a la edad, nutrición o estatus reproductivo.

Se origina del endodermo intestinal. Se ubica ventral al estómago y los pulmones y, consiste en dos lóbulos que tienen una coloración que varía en coloración de café oscuro a negro y posee una vesícula biliar.

Tiene un suministro sanguíneo muy peculiar, que viene tanto de la arteria hepática como de la vena porta. La vena porta colecta la sangre que proviene de los intestinos, estómago, bazo y páncreas, equivale a 4/5 de la sangre total que ingresa al hígado. Las ramas arteriales hepáticas provienen de la arteria hepática común y llevan el restante de la sangre. El drenaje eferente consiste en las venas hepáticas.

Estos dos riegos sanguíneos están en equilibrio dinámico y cada uno de ellos puede variar entre el 30% y el 70% (arteria hepática – vena porta), dependiendo de diversos factores fisiológicos (alimentación, presión sanguínea, entre otros).
Este órgano se compone de lobulillos con cordones de hepatocitos y espacios intermedios denominados canalículos. Los hepatocitos secretan bilis al canalículo y estos desembocan en conductos biliares.

Las funciones hepáticas consisten esencialmente en el metabolismo de grasas, proteínas, glucógeno, producción de ácido úrico, factores de la muda, catabolismo y almacenamiento de vitaminas, metabolismo de colesterol y lipoproteínas, aclaramiento de fármacos y tóxicos e inmunocompetencia, entre otros.

Estas funciones pueden variar notablemente durante las diferentes edades, estacionales del año y estatus fisiológico del individuo.

Posterior a la ingesta alimenticia, el hígado obtiene glucosa a través de la vena porta (de glúcidos y aminoácidos de las proteínas, drenados de los enterocitos a los hepatocitos). La grasa proveniente de la ingesta, es absorbida por el enterocito y en su interior es esterificada y constituida en un quilomicrón. La grasa en forma de quilomicrones va del enterocito a la linfa, posteriormente pasa al flujo sanguíneo y finalmente llega al hepatocito por esta vía.

La síntesis de ácidos grasos en el hígado proporciona energía para el propio hepatocito y permite su utilización para la reparación de estructuras hidrofóbicas. 60% de esta energía la convierte a glucógeno mediante la glucogenogénesis, siendo una forma de almacenaje de glucosa. El 40% de energía que llega a los hepatocitos, pasa vía hematógena a los glóbulos rojos y al cerebro (25%), a la grasa y al músculo (15%). En cerebro y hematíes se consumirá como tal; en músculo se almacenará como glucógeno y en la grasa como triacilgliceroles.

La mayoría de los reptiles almacenan grasa en cuerpos grasos específicos, localizados en región caudo-ventral de la cavidad celómica. El rol principal de estos depósitos grasos es proveer lípidos para la vitelogénesis y para actuar como depósito energético durante la hibernación.

Los aminoácidos pasan sin modificación a través del hepatocito y son utilizados por otros tejidos para la síntesis de proteínas.

Cuando no hay una ingesta alimenticia, el mantenimiento de la glucemia se va a realizar por la hidrólisis del glucógeno hepático (glucogenólisis hepática). El hígado asume la responsabilidad de suministro de glucosa a otros tejidos y el lactato, el piruvato y los aminoácidos se utilizan en la fabricación de glucosa (neoglucogénesis).


1. Iguana verde con las membranas mucosas orales ictéricas

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