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¿Por qué lo dental divide a nuestra profesión?



Cuando un propietario de mascota no puede permitir el estándar más alto de atención dental veterinaria, ¿qué opciones nos quedan?

Melissa Detweiler, DVM

La Señora Gómez se sentó en la silla de la sala de exámenes. Su perra ya mayor, Birdie, se encontraba en su regazo. Yo pude oler el hocico de la perra al momento en que abrí la puerta. No podía confundir el olor de los dientes putrefactos, enredados con pelos y pus. Birdie acudió a su chequeo anual (el último fue hace casi cinco años).

Hice todas las preguntas usuales: “¿Cómo se encuentra Birdie?” bien. “¿Alguna preocupación?” ninguna. “¿Alguna dificultad para comer?” ninguna.

Verifiqué su archivo – no había cambio en su peso desde la última visita. Después de todo, Birdie estaba feliz y sana (sin tomar en cuenta, por supuesto, la fosa séptica que tenía en su hocico). Levante los labios de Birdie y le señalé la enfermedad dental a la Señora Gómez. Le explique meticulosamente todos los riesgos relacionados con la condición. Hice todas las cosas. Expliqué todas las recomendaciones.

Debo confesar que la Señora Gómez estuvo de acuerdo con todo y que hicimos una cita dental para Birdie con bombos y platillos. Hubiera deseado haber obtenido sangre de inmediato para sus pruebas preoperatorias, aplicar el electrocardiograma, llenar la prescripción de antibióticos y haber firmado la estimación para las radiografías dentales, bloqueos nerviosos, limpieza, pulido y extracciones. Sí, ello hubiera sido ideal.

Pero, eso no fue lo que sucedió.

Cuando levanté el labio del hocico de Birdie, la Señora Gómez se encontraba en verdad impresionada. Ella había vivido con la perra durante 14 años y en casa Birdie se encontraba tan impetuosa como nunca. Nunca había dejado de comer (la comida consistía principalmente de alimento canino enlatado y un huevo revuelto ocasional). El perro le ladraba al cartero todos los días como un reloj. Todavía se emocionaba cuando veía la correa y perseguía hasta el árbol a la ardilla del jardín en cada ocasión que tenía. En los ojos de la Señora Gómez no había nada malo con Birdie.

Cuando le explique todos los riesgos de salud ocultos al no tomar en cuenta la enfermedad dental, ella comprendió amablemente y dijo que lo entendía, pero que a ella solamente le quedaban $40 de su cheque de seguridad social cada mes y esa era la razón por la cual se había tardado tanto en traer a Birdie. Ella podría ser capaz de permitirse una limpieza básica en otros tres meses y unas cuantas extracciones, pero no más.

Las opciones no son las ideales
Opción 1: Ignórela. ¿Debo ignorarla y enviar a las dos fuera más allá de la puerta porque no hay manera en que ella permita “el estándar de atención” de odontología veterinaria ¿Debo darle la espalda a la bomba de tiempo en el hocico de Birdie y cruzar mis dedos para que no regrese en seis meses a mi sala de exámenes con complicaciones?

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